martes, 12 de julio de 2016

¡¡Que viva Papá Leonte!! Orgullosamente, mi abuelito.


Chismes adicionales.
-Por designio de la naturaleza, soy el nieto que nació primero. Era yo el muñeco que él sentaba en su propia mesa y recibía de él de su propio almuerzo, que me daba en la boca. (Si sus pensamientos en su silencio privado, le provocan otra serie de conclusiones chuscas y le desatan carjacadas, pues, bien hecho). Me sentaba sobre su pierna y mientras me bamboleaba, me rascaba la cabeza y me dejaba dormido.  Por eso duermo de noche y de día y no hay más  placer para mí, que entre los sueños entretejer fantasías de preciosos paisajes verdes, de azules cielos y jardines coloridos y al despertar,  ver la realidad que supera la belleza de mi surrealismo. Por eso me hice "soñador". (Jejejeje,  usted estará pensando: "huevón es").

-Un hombre muy firme, más sólido que la Torre de Londres, quien tras el enérgico frontispicio, albergaba realmente el corazón de un hombre  honrado y dulce, que fue connotado maestro fabricante de calzado de los talleres de Don Jacinto Sosa; exigente con sus subalternos y meritorios,  a quienes no dudaba en aplicar algunos buenos coscorronazos para "aguzar el ingenio para no echar a perder los materiales" y de ello, testimonio dio mi amigo, Don Hugo Armando Álvarez Galindo, quien me compartió tales relatos. Papá Leonte tenía el pensamiento que todo ser humano debe   tener un oficio y una profesión. A mi papá lo mandó a aprender sastrería, con el mejor.  Y vaya si nó, ¡qué sastre! También fue Perito Contador.  Yo también me hice "electricista y contador".

-Profesor fue mi abuelito, de intelecto cultivadísimo en colosales lecturas, quien compartiera el arte y ciencia por las tierras enclavadas en  los  municipios de los bellos bosques de la Sierra de Los Cuchumatanes.  Un día me prestó uno de sus libros y allí aprendí a  distinguir claramente, qué significa "una buena lectura y un buen libro" del que no lo es.   Creció hacia mi abuelo semejante admiración e  imaginar toda la sabiduría escondida en su fantástica mente y me planteé el reto de "algún día igualarle". Era un hombre bárbaro para la  lectura.  No había almuerzo sin su periódico al lado y no "leía cualquier babosada" y ¡qué maravillosa letra!  Yo también me hice "lector".

-Alguna vez, mi madrecita percibió que no iba bien con las calificaciones en la escuela: "¡Vaya allá con Don Leonte para que le suene porque  está haragán!. ¡Llévele sus cuadernos y que lo examine!".  Temblando llegué con Papá Leonte (pues era grandote y muy enérgico) y con vergüenza:  nunca había yo quedado mal con mis abuelitos y jamás había recibido de ellos un regaño.  Le entregué la nota de queja de mi mamá que yo portaba   (como aquél mensajero que lleva al comandante del pelotón de fusilamiento su propia condena de muerte); lo leyó y me examinó de matemáticas,  estudios de la naturaleza e idioma español, pero con una metodología evaluativa que hasta hoy, sigue siendo para mí un modelo. Le respondí todo  muy bien.  Su expresión hacia mi fue:  "vas muy bien en la escuela m'ijo, tu mamá tiene razón, está preocupada por vos, pero vas muy bien, has sacado un cien. Vení, vamos a tomar café".  Si yo hubiese sido un perrillo, en aquella ocasión, habría hecho mil fiestas a mi abuelito y movido  mil veces la cola con denodada energía. Yo también me hice "profesor".

-¡Cuántos profesionales hoy famosos, gestaron su vida estudiantil como huéspedes en la casa de mi abuelito! Genial para la administración de los  escasos recursos ante las ilimitadas necesidades humanas.  Y cuántos de estos muchachos de aquellos tiempos le hicieron mil diabluras y  picardías, donde él "aparentaba no darse cuenta"; aunque muy alerta para que ninguno de ellos pasase ningún peligro y entregar buenas cuentas a  sus padres.  Eso sí.  Se echaba llave al portón a las diez de la noche "en punto".  Yo también me hice "administrador".

-Era mi abuelito muy católico.  Sus raíces católicas eran más profundas que las de un ahuehuete de dos mil años.  De tan católico que era, no  había día de Dios que me miraba y decía: "estudiá mucho m'ijo, que para la secundaria te vas a ir a estudiar al seminario y vas a ser   sacerdote".  A eso le ponía salsa especial Monseñor Víctor Hugo Martínez Contreras cuando iba a acolitar la Santa Misa diciéndome: "¡¡Mi  sucesor!!  El problema es que me gustaron mucho las mujeres. En eso sí que no le complací, para "no pecar". No me hice "confesor".

-Cuando yo nací, Él era Concejal en la Alcaldía de Huehue.  En aquellos tiempos, ese era un honor, pues no devengaban dietas ni salarios, ni  había situados constitucionales.  En vez de recibir, había que aportar.  No era para menos, el papá de mi abuelito,  mi bisabuelito Leonte  Cardona, había donado de su propiedad privada a la Municipalidad de Huehuetenango, el lote de terreno para la construcción del mercado municipal que hasta hoy está. Ellos en vez de pedir, daban. Y por si les queda duda de quién era mi abuelito, en la placa de bronce donde se conmemora la  construcción del Edificio del Instituto INMAC, aparece su nombre, a la par de otros insignes ciudadanos, de honorabilísimo reconocimiento, de  amor a su tierra, promotores del fundamento de la ciencia y la cultura que hoy sus legatarios disfrutamos. ¿Por qué no seguir el ejemplo de nuestros abuelitos? ¿Por qué no renunciar los miembros del Concejo Municipal a dietas y rentas y en vez de recibir, dar?  (Jejejeje,  " ni que  fueran babosos", pensó usted).

-Para describir a mi abuelito, y como yo lo recuerdo bien, porque retornó a las cortes celestiales cuando yo tenía 21 años, basta repetir las  palabras de algunas personas:  "Don Leonte, un viejazo canchón, coloradote,  de tan colorado que es, hasta se le marcan unas venitas en los  cachetes".  De sus genes recesivos, algunos de mis primos y sobrinos nacen con cabello rojo y algunos con ojos grises o celestes.  (Se lee,  Aniceta del Carmen Cardona De León, nació en 1848 y falleció en 1909 a la edad de 61 años.  Leonte Cardona Herrera, nacido de Aniceta Cardona se  casó con Marquina Monzón en 1892 -primera esposa de mi bisabuelo, de cuyo matrimonio nació mi tío abuelo, Don Audel Angel Cardona Monzón-.  De segundas nupcias se casó con mi bisabuela Margarita López).  Era Papá  Leonte bien altote y galanazo; de joven quinceañero, por fotografías, bien guapo y aún, cuando su vida estaba por extinguirse, admiré sus grandes manazas, cuya energía jamás desapareció. Hablaba muy  fuerte (yo también lo hago, pero porque estoy algo sordo) y por su hablar enérgico y su tamañote, daba algo de miedo. Era algo serio y muy  respetuoso, buena gente.

-Siendo como fue, de profunda fe católica; en el Huehuetenango donde todos se conocían, Papá Leonte, jamás faltó a un sólo entierro, a los cuales acudía  a tan sólo 15 minutos antes de salir el cortejo, para no poner en molestias a los dolientes y brindarles una palabra de consuelo y acompañar al  amigo hasta su última morada, de los primeros en la fila, en silencio. Por ende, el sol de las tres de la tarde caía sobre su sombrero negro de  fieltro, que llevaba en la mano, por respeto al difunto.  Ello explica el por qué, cuando Papá Leonte murió, la gente decía: "¡¡Semejante  entierrón el de Don Leonte!!".  Si toda la ciudad llegó y no se podía pasar entre los miles de personas que acudieron con cariño, a acompañar a  Don Leonte a su última residencia -así lo dijo el Profesor Homero Martínez cuando pronunció su epitafio-. En eso tampoco salí muy bueno. No  aguanto ver sufrir a mis amigos. Papá Leonte era muy fuerte.

-Fue Papá Leonte gran deportista, campeón de fútbol en "el Marte" y otros equipos: "¡porterazo!" y, aún lo recuerdan los anales de la crónica  deportiva en Huehue. Muchos de sus descendientes, de alguna manera, hemos disfrutado de las glorias de los podios en diferentes disciplinas,   talvez para "darle el alto". Mi papá fue campeón departamental de fut y yo lo fui de volley ball. Deliciosos frutos inigualables cuando se campeoniza y mira uno los galardones obtenidos durante la juventud; aunque la competencia, talvez no es lo mejor, sino el disfrute de la  actividad física y el deguste de alguna que otra perla de sudor, que se filtra en furtivos descuidos, salada al paladar.

-Cuando yo nací, él tenía cincuenta años. Hoy celebramos su cumpleaños número cien y hace un mes yo cumplí cincuenta. Pienso: "Así como estoy  hoy, estaba Papá Leonte cuando yo nací, aunque yo no salí tan bueno como ÉL".  

-Me dejó de gran herencia, a través de mi padre, su apellido, del cual estoy muy orgulloso y que luzco cual lustrosa medalla y desafío; pues  implica singular descomunal reto, para conservarlo como hizo Papá Leonte con él y por su ejemplo: conservarlo sin mancha, honrándolo, sirviendo  a las personas con profundo respeto a la vida, propiedad privada y libertad de los demás. Asimismo, me legó un profundo cultivo de la fe católica, la cual profeso con fervor, tanto por el ejemplo de Papá Leonte, devoto y servidor  católico, como por la buena investigada académica que hice y más allá, por las innumerables delicias que me brinda Dios y su Santísima Madre, la  bienaventurada Virgen María, a quien está encomendada toda nuestra familia; pues, Papá Leonte, vino al mundo en el marco de la celebración de  las Fiestas Julias, dedicadas a la Santísima Virgen del Carmen y también, durante las Fiestas Julias, setenta y un años después, la Virgencita  del Carmen se lo llevó.

En el centenario de su nacimiento: ¡¡QUE VIVA PAPÁ LEONTE!!, ORGULLOSAMENTE, MI ABUELITO.

Edwin Rocael Cardona Ambrosio
Huehuetenango, Guatemala.  12 de julio de 2,016.

PS.  Don Leonte Augusto Cardona López, hijo de Don Leonte Cardona y Doña Margarita López, nació a la vida terrenal el 12 de julio de 1,916 y retornó a la vida eterna el 17 de julio de 1,987.
Su música favorita: http://difosamusic.net/media/CDRS6062/01mosaiconacionalvol9.mp3

3 comentarios:

  1. MUY BUENA descripción la de Don Leonte. Como dicen los Cobaneros : "Cabal Vos"....Yo lo conocí desde que tengo recuerdos a mis dos años, tiempo en el que viví con mis abuelos hasta que cumplí 6. Me daba miedo a esa edad por la forma estricta de ser con mis primos Leonel y Laly. con quienes crecí en esa gran casona de amplios corredores, con una pila en medio y un amplio patio trasero que tenia un tapial antes de la barranca., Bellos recuerdos...cuantas aventuras en ese sitio agarrandonos a ondazos con los de Minerva. Alli me revolcaron unos grandes mastines que tenía Don Leonte grande...casi me dejan eunuco y sin posibilidades de engendrar. Don Leonte grande igual: hombrazo de grandes bigotes que transpiraba orden y disciplina: pero un gran abuelo que uno a uno de sus nietos preparaba "pico de gallo" (naranjas con pepita, sal y chile)...habia que hacer cola para recibir su pico de gallo. En fin cuanbtois recuerdos de aquella casona que nos acogío muchas veces y luego al ser dividida mantuvo la unidad de nuestra familia. No había quien no quisiera ir a pasar vacaciones a Huehue.... y nos amontonabamos todas las familias Castillo y Don Leonte y mi adorable Tia Lupe no escatimaban esfuerzos para darnos de comer a aquel gran batallón de primos. Y como bien decís: a las 10 de la noche quitaba la pita de la puerta y echaba llave. Te felicito sobrino por tu bella forma de de escribir y por este homenja escrito de tu gran abuelo. Nolo Castillo

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